El nacimiento es un acto maravilloso desde cualquier punto de vista, pero especialmente desde el de la psicología cognitiva y la pedagogía. El bebé tiene literalmente un mundo de posibilidades que descubrir fuera del útero de su mamá; comienza una etapa de independencia, de aprendizaje, de adaptación y una experiencia sumamente rica y diversa como es la infancia.
En el niño de 0 a 3 años, el cerebro vive una etapa de desarrollo difícilmente superable en cualquier otro momento de la vida. De ahí la importancia de estimularlo adecuadamente, dada la plasticidad neuronal durante dicha etapa; después, quizá sea tarde, en tanto en cuanto esta plasticidad es un bien caduco que merece ser explotado al máximo. En un programa adecuado de estimulación, debiera atenderse a los intervalos próximos del aprendizaje, ya que también se va configurando la estructura cerebral durante los primeros años de vida. El entorno y la influencia de sus estímulos, el apego o vínculo social van a ser determinantes en este desarrollo.
La Atención Temprana organiza, planifica y propone un entorno más favorable que tiene en cuenta al niño, sus necesidades, y actuando con base en el conocimiento del niño, proporciona juegos, actividades, estímulos cuyo objetivo es el de facilitar experiencias de aprendizaje en entornos naturales.
La importancia del juego para el desarrollo de los niños
A través del juego los niños aprenden, se conocen a sí mismos, se desarrollan con los otros y también con su entorno.
Una de las contribuciones más importantes tanto de la psicomotricidad como de la educación física es la posibilidad de expresar sentimientos y emociones. Dentro de esta área, podemos destacar el juego como el aliado fundamental para aprender a gestionar e interpretar las emociones tanto propias como ajenas. A través del juego los niños aprenden, se conocen a sí mismos, se desarrollan con los otros y también con su entorno. Cumple, por tanto, una triple función:
- Sirve como vía de descarga y desahogode tensiones e inhibiciones, produce alegría en el niño y le ayuda a recuperarse física y psíquicamente con mayor rapidez.
- Produce un enriquecimiento experimentalprogresivo que ayuda al niño a desarrollarse de manera global gracias a las experiencias que surgen durante la actividad.
- Genera al niño placer, ganas de comunicarse, emociones, y le hace vivenciar todo tipo de situaciones.
Es el momento del juego cuando el niño puede experimentar abiertamente sus emociones y aprender a controlarlas. Por ello, el juego debe ser libre y, cuando sea necesario, el adulto proporcionará herramientas que dirijan ese juego hacia la obtención de estrategias de control emocional.
Debido a la sociedad de estrés en la que nos vemos inmersos, cada vez se da menos espacio a los niños para que jueguen y desarrollen sus habilidades emocionales, provocando que en muchos casos aparezcan dificultades para gestionar las emociones. Es labor de todos dejar al niño jugar, interactuar con su juego, y ofrecerle un entorno seguro para experimentar, reconocer y vivir sus emociones.
